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Desver: Vanessa Hudgens va en Lamborghini al gym (y me va a explotar la cabeza)

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¿Que Vanessa Hudgens va al gym? Fenomenal. Ahora, ¿que Vanessa Hudgens va en Lamborghini al gym? Pues mira, no. No y nunca. Y a lo mejor te explico por qué, Vanessa. Que te dará igual, pero yo me quedo muy a gusto. Y mis ojos, también.

La vida de un periodista de Crush News va más o menos así: enciendes el ordenador. Echas un vistazo a las exclusivas que te llegan. Flipas con las fotos y las notas de nuestras agencias, que convertimos en noticias para tus ojos. Pero hoy los míos duelen. Duelen mucho. No veo la necesidad de esto. Vanessa Hudgens va en Lamborghini al gym. En Lamborghini, ¿sabes? En un carrazo de los que quitan el sentío. Al gym. En Lamborghini. Parezco Joaquín Reyes en un Celebrities. Vale. Paro. Desarrollo la noticia (y el porqué de mi dolor ocular).

Eso se saca a la carretera, mujer

A ver, Vanessa. Que yo entiendo que tu forramiento máximo como persona que gana dinerines te impela a gastar inútilmente. Ok. Pero es que ver un coche pensado para ir a sopetecientos mil millas por hora o lo que permitan las autoridades de California pues da penica verlo para ir a las cosas del día a día.

Qué sé yo, es como tener un galgo metido en un apartamento interior de 25 metros cuadrados. Es… ¡Es que no pega, jopetas! ¿Por qué no coges tu Toyota híbrido o el modelo ecológico que esté ahora de moda entre los famosos del West Hollywood y lo usas para callejear? Y luego, pues si tienes el capricho y la necesidad, que digo yo que tampoco, te compras ese Lamborghini para cruzarte el estado. Digo yo, eh, que a lo mejor habla un poquito la envidia por mí, vete a saber.

Vanessa Hudgens va en Lamborghini
No solo me chusca la mente el hecho de que Vanessa Hudgens va en Lamborghini a callejear por ahí, no. Es que hace dos días era aquella adolescente de ‘HSM’ y ahora maneja tremendo carrazo. Sí, va a ser la envidia.
Foto: Agencias.

Vanessa Hudgens va en Lamborghini al gym… y no va sola

Pues eso, Vanessa. Por una parte no entiendo la necesidad de llevarte un Lamborghini Huracán al gimnasio. Por cierto, este modelo está valorado por encima de los 200.000 dólares. Lo típico que se gasta cualquier mortal en su utilitario (NO).

¿Tú sabes lo que es aparcar eso? ¡Que te lo van a rayar! De copiloto, si la vista no me engaña, iba su amiguísima Georgia Magree, aka GG Magree, una cantante, DJ y productora musical australiana que se ha establecido en Los Ángeles. Pues eso, que van a todas partes juntas. Uña y roña, que diría un conocido. Tanto es así que hace poco se marcaron tremendo twerking en TikTok. Bueno, uno… No sé, no sé. ¿No parece que aquí hay un rollito que trasciende la amistad? Igual es paranoia o que yo veo amor por todas partes.

Algo no encaja, Vanessa

Mira, igual es cosa mía, pero ir a darlo todo al gimnasio, como demuestras en este vídeo, y hacerte la ida y la vuelta en carrazo es un poco desparrame. Chica, no sé. Te digo lo de antes, no pega. Te lo perdono un poquito porque te llevaste a Darla contigo y me encantan los famosos con mascota, no lo puedo evitar. Es mi debilidad. Solo espero que Darla estuviera lejos de ti cuando entrenabas, porque ese cacharro que meneas en vídeo me ha dado miedito.

Darla con cara de HABER SI ME MUERO* es lo que necesitaba para este día. Darla, te amo.
* Espero que entendáis que ese «HABER» es premeditado, por favor, que soy la tiquismiquis de la ortografía.
Foto: Agencias.

Septiembre, mes de las buenas intenciones

Ahora que llega septiembre, todo son buenas intenciones. Y en esas buenas intenciones no metería «Vanessa Hudgens va en Lamborghini a sitios», la verdad. Mira, yo misma he abandonado todos mis malos hábitos. He comenzado a entrenar a diario. Ahora solo como pescado a la plancha y verdura, y ya casi no lloro cuando lo hago. Todo por ligarme, qué te digo yo, a un Rob Lowe cualquiera, que está en mi segmento de edad.

También quiero desver el precio del gimnasio

Y porque hay que sacar a pasear el sex-appeal, chica, que anima mucho en otoño (y no haré rimas, que además tú seguro que no las entiendes). Y he pensado: «Uy, qué pintaza tiene el gimnasio de Vanessa, voy a echar un vistazo a los precios, que nunca se sabe». Siete mil quinientos dólares el bono de 50 sesiones, Vanessa. SIETE. MIL. QUINIENTOS. Dame veneno que quiero morir, Vanessa. Me vuelven a doler los ojos, Vanessa.

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