Inicio Estilo de vida Desver: Mickey Rourke en Atenas, ¡qué ruina!

Desver: Mickey Rourke en Atenas, ¡qué ruina!

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Abro, como cada mañana, los reportajes fotográficos que nos han llegado a Crush News. Descubro que ha estado Mickey Rourke en Atenas. Clico en la carpeta. Veo su camisa, sus botas, su todo. Cierro la carpeta. Corro a poner mis ojos bajo el grifo de agua fría.

Ay, Mickey Rourke de mis amores. Yo sigo defendiéndote contra las hordas de detractores miquirurquerescos que me rodean, que son pocos, pero se me envalentonan. Y te juro que hago lo que puedo. Hablo de tu sensualidad desbordante en los ochenta. De ese nihilista hermano de Matt Dillon que te marcaste en La ley de la calle. Y, por supuesto, de Nueve semanas y media (sobre la que tengo una teoría que desarrollaré después). Pero es que NO ME AYUDAS, Mickey. ¿Tú te crees que esas son pintas para visitar el Partenón, acho?

Lo primero: esas botas, por favor

Decía mi adorado Miguel Gila (para la generación Z, el primer gran monologuista español) que Grecia «estar, está, pero cómo está: todo roto, todo tirado por el suelo…». Y quizá debería haberte hecho llegar el vídeo con subtítulos, Mickey. Porque es importante saber que la acrópolis de Atenas es un enorme yacimiento arqueológico y el suelo está pues así: roto, hecho polvo. (Si alguien tiene interés en ver el monólogo de Gila al que me refería, os dejo aquí el enlace).

Lo cual me lleva a pensar en tu calzado. Esas botas de cowboy retirado, que se amorra a la barra de un bar de Austin, Texas mientras le cuenta a los parroquianos que él fue el dios de los rodeos, pues en Atenas como que no. A Atenas se lleva uno calzado para caminar, de senderismo o unas deportivas. Que no voy ni a hablar de esa puntera metálica más apta para poner supositorios en tiempos de pandemia que para caminar. Bueno, ya lo he hecho. Pero que son incomodísimas, y tú estás a punto de cascarte 68 años, cariño. La comodidad, la comodidad es lo que se busca.

Mickey, estoy pensando fuertemente en una posible caída, Thor no lo quiera, en esas rocas. Tus rodillas van desprotegidas. Te las vas a desollar. Y qué es esa pose guitarrera, que te has dejado un dedo señalando hacia el juguetito del amor, marranote.
(Foto: Agencias)

Ese encaje… que no encaja

Pero vamos al lío. Atenas, septiembre. Probablemente hacía un calor del carajo ahí arriba. De los 30 ºC no bajabais, me juego el sujetador deportivo. Y vas tú y te me plantas la camisa transparente y de encaje como las que llevaba mi tía Pili a las bodas. Eso sí, con un vestidito debajo, que ella no era tan de enseñar las lolas como tú. Y bien de escote y bien de medallita de la virgen de los Remedios, Mickey. Que pica esa tela solo mirándola, Miquirrúúúúr. Te lo juro, me estoy rascando ahora mismo como si no hubiera un mañana.

Botones multicolor, encaje, puños de bailaor flamenco, mascarilla colgando de la mano derecha a modo de muñón, medallón tamaño Las Ventas… Te me pierdes, Mickey, te me pierdes.
(Foto: Agencias)

Mickey Rourke en Atenas y con su novia a juego

Pues eso, que tu novia, Anastassija Makarenko, imagino que para no desentonar, se plantó un conjunto digamos que levemente recargado. Que no sé si va vestida o está montando un puesto hippy de caftanes y bolsos de imitación y la hemos pillado con todo encima. Que se lo ha plantado todo, Mickey. En serio, qué influencia loca es esta.

Mickey Rourke en Atenas es un verdadero despropósito estilístico, pero es que temo por su novia y el esguince cervical que le va a provocar tantísimo cachivache colgado. (Foto: Agencias)

Lo prometido es deuda: mi teoría loca

Como decía al principio del Desver, que no todo va a ser Mickey Rourke en Atenas dando el cantazo, aquí va mi teoría. Si las nuevas generaciones tienen 50 sombras de Grey, nosotros tuvimos Nueve semanas y media. Nuestra Dakota Johnson fue Kim. Kim Basinger, no Kim Kardashian: esa es la vuestra.

Tanto el protagonista de una como el de la otra son ejecutivos forradísimos (los pobres no tenemos dinero para tanta perversión, por lo que se ve). Y si el protagonista de la trilogía de E. L. James se llamaba Christian Grey, el de Nueve semanas y media (es decir, Mickey Rourke cuando se vestía normal) era John. John Gray. Gray, ¿sabes? Hum. Demasiada coincidencia, ¿no os parece? Aquí veo yo, como poco, una fuerte inspiración, cof, cof.

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